18 ago 2018

La Comisaría

En mis tiempos de chasqui judicial, un día viví tal vez la más repugnante experiencia en una institución pública (o cualquier lado). No se confundan, me atendieron muy bien, obtuve mis resultados favorables en la tarea encomendada, no por nada me decían ""Mensaje a Garcia". Mi experiencia repugnante, y advierto, me vino a la memoria para iluminar nuevamente estas páginas, y si son asquientos... no lean más. 

Un joven apuesto pasante, punto en blanco -con los ternos heredados de todos los tíos- de esos ternos que los pantalones son 39 y el sastre hizo milagros para dejarlos en un esbelto 33 cuando yo era 30. De esos ternos que los hombros no se pueden meterme más y las mangas me llegaban casi a los codos. Las corbatas -trofeos de hippsters- que aún no existían, regaladas no... olvidadas en el fondo de los armarios con diseños de los ochentas tomadas por mi mamá diciendo -¡pero si está hermosa! Y va con todas tus camisas-, las camisas si eran mias pero de cuando tenía quince años, el cuello ni los puños cerraban y los colores respondían únicamente a los excéntricos gustos de mi adolescencia. Pero ahí estaba, irresistible cómo de costumbre, poniendo un pie delante de otro para aventurarme al mundo de la tramitologia del pasante de derecho, épocas gloriosas donde uno se conoce direcciones de insitituciones que no existen, nombre de secretarios que no asisten, y toda y cualquier artimaña para certificar cualquier copia, hasta de una servilleta de papel. 

En esta ocasión La Comisaría, no sé que se hacía ahí, hasta ahora nadie sabe, ni ellos. Pero me habían encargado obtener copias de algún proceso, llegué y solicite la carpeta y me acomodé en un bordillo a esperar.

Esta comisaría estaba ocupando una casa vieja de piso de madera y la chimenea había sido adecuada cómo asiento de espera. Me senté y mientras esperaba un sujeto bien entrenado con pañuelo y Rolex se sienta ai lado.

Sonreí y saludé con la cabeza, él a mi lado hace lo propio. 

El silencio de los que esperan se rompe por este sujeto -no porque empezó a conversar- sino porque empezó a sonarse la nariz de tal manera que temblaba el piso de madera. Sus licuadas secreciones vibraban a tal ritmo que las ventanas retumbabam. Ustedes dirán -se sonó la nariz, o sea Tata, tampoco es para tanto- y yo les digo, calma.

El sujeto no contento con habernos dejado sordos empieza (no conozco otra forma de decirlo) a jalarse la flema, si, a JALARSE la flema; y después de unos buenos 15 segundos enmudece. Me imagino que se había tragado, pero no, la habría acomodado bajo su lengua... ¿cómo sé esto? Porque se arrima hacia adelante y deja caer lentamente su desagradable secreción en el piso ¡ADENTRO del establecimiento!

Sus ojos y los míos chocaron me imagino que habrá visto en mi cara tal repugnancia qué con el zapato exparce su regalito hasta que queda pintado el piso alrededor de nuestros asientos.

No recuerdo bien que reacción tuve, puede ser que se me bajó la presión o salí a tomar aire con la cara verde.

Pero en fin, espero que pueda imaginarse bien a este sujeto y sus acciones, pero sobre todo la cara de asco desconcierto y repudio de su gran y fiel amigo.

17 ago 2018

Cerveza o Retenciones

Porque esto es así... A unos los días les pasan más rápido y se adelantan, a otros les pasa más lento y no se igualan y a otros prudencialmente al ritmo 1:1, un día a la vez.

Pero no se lanzen piedras por estar a destiempo. Busquen sus áreas comunes y ahí disfruten. Cómo cuando en las reuniones de 10 años de graduados (si tuvieron) de lo único de lo que se puede hablar es de las gloriosas salvajadas de la adolescencia, porque al hablar de cosas serias a uno lo ven y dicen -y este yo lo veía prendiendo camaretas con el cigarrillo en la boca y me va a hablar de la tasa de depreciación- ¡no jodas!

Sobre todo cuando un compadre, viene con la novedad que se hizo cirujano...¡Oh gran señor cirujano! Y por mi cabeza pasan imágenes de este individuo colgado de una viga boca abajo tomando aguardiente regandose encima todo, y feliz, orgulloso... ah y con un cigarrillo en cada mano. O aquella vez que en su casa amaneció sentado en la sala un afamado personaje de una cadena de hamburguesas -no puedo decir más porque hubo un parte policial en el que negamos todo- pero cosas así... ¿Me explicó? 

Ver ahora tan profesionales a mocosos tan irracionales, cuesta.

Y ojo, cuesta cómo les debe costar escuchar que algún bloggero afamado se hizo abogado y hace agobiantes cálculos de impuestos diferidos con cálculos actuariales, deben pensar ¡No jodas! -tu que repetiste un curso, a la pera no llevaste sino cerveza y aguardiente, que para ningún examen abriste el cuaderno y te graduaste de milagro- jodas... Pero sí, cómo les digo así es esto. 

Uno de un día para otro se encuentra en Paco comparando capacidad de escaneo de impresoras y comprando resmas, Y DIVIRTIÉNDOSE (ojalá aún no sepan lo que es una resma), así que disfruten, gasten la plata en cerveza porque un buen día estarán recibiendo facturas y emitiendo retenciones para comprar para sus clientes resmas y hacer presentaciones.

3 ago 2018

FINITO

Llegábamos a la estación de tren a la tarde, hambrientos, sedientos (no puedo decir insolados porque nos llovió en la playa) pero entusiasmados de conocer, saborear y todo lo que ser turista conlleva. Habíamos vuelto a la Spezia, pueblo satélite de Cinque Terre, y ojo, no digo esto para que digan -vele vele vele que viajado- sino para que contextualicen lo que les voy a contar. 

Como les dije llegábamos de la playa y nuestro hospedaje por un error de cálculo -¿error? no, digamos, negligencia de cálculo- quedaba a cuarenta minutos en un bus microscópico en dirección opuesta al mar. Este "error" me llevó a sugerir a mi colega de viaje que vayamos al supermercado para llevar alimento y bebida y no tener que volver a comer algo por el centro en esos microscópicos buses. 

Ninguno de los dos habla italiano por lo que la comunicación con los lugareños se volvía una barrera, e ignorando donde quedaba un supermercado se me ocurre

-Entra tu a esa tienda, yo a la de al lado y pregunta donde queda el Supermercado, no dirás Supermaxi que no te van a entender, y cruzamos la inteligencia- 

Entré a la tienda, me supieron mostrar en el mapa del celular y salí con información valiosa y adecuada. 

Al ver que mi compañero de viaje no asomaba, lo fui a buscar, y la verdad no fue mucha sorpresa entrar y encontrarme con este ecuatoriano flacuchento mal peinado, barbudo con la mochila ensillada con dos cervezas vacias a los lados, discutiendo a gritos con la persona que atendía. Ella no hablaba italiano tampoco pues era asiática y él le gritaba 

-¡PERO DÓNDE! AL FINAL DE ALLÁ O AL FINAL DE ALLÁ-

Se da la vuelta al verme entrar y me dice -ve Tata, vamos nomas esta no tiene idea de nada- 

Yo totalmente perplejo le digo -¿qué le preguntaste?-

Se da la vuelta para intentar comunicarse una vez más con la señora y le dice 

-¡¿DONDE... QUEDA... EL... SUPERMERCADO, COMIDA, ÑAM ÑAM COMIDA?!-

Y la señora en el mismo tono le dice -FINITO... FINITO... FINITO- (como diciendo ya cerraron o ya no existe alguno que había)

Y mi colega soberbio le dice sacando la cara -¿SI HIJITA PERO AL FINAL HACIA ALLÁ?- señalando a un lado de la calle -¿O AL FINAL HACIA ALLÁ?- señalando el otro lado de la calle.

Con la mano en la pena, le tome del brazo y le saqué del local mientras seguía vociferando en contra de la pobre señora y le supe explicar que le estaba diciendo que ya no existe.

Un fenómeno el personaje.

40 Primaveras Reveladoras

Al acercarse el onomástico de mi querido Rafael —quien dice que soy tan tejano que ahora festejo Janucá— se me ha dado por rascarme la lengu...