14 jun 2019

La era del Ofendimiento

La verdad es que hablar de cosas como eso sin que alguien se ofenda, o me cuelgue de los pulgares a esta altura del siglo XXI es imposible. En estos tiempos donde todos son activistas activos fervientes de causas que si, o no les conciernen; no se puede tener una postura pública conservadora liberal izquierdo derechista sin, que la sobre estimulación informática mediática nos vuelva terrorista de alguna causa. Porque además no se puede ser tibio, la sociedad espera que protestemos posteando dando likes y compartiendo, virtualizando los espacios de debate y nos lancemos piedras informáticas. Tenemos que tener una postura, si señor. Tenemos que tener convicciones; pero sobre todo tenemos que tener las mas efusivas ganas de mantener la armonía y aceptar que no todos están obligados a pensar como nosotros. Debemos ser tolerantes y debemos aceptar que si tenemos posturas conservadoras; los todo-tolerantes pro-todo, van a ser los primeros en intolerarnos. Los openmind nos closeminding porque somos la escoria que retrogreda las sociedades. 

Ya creo que ven por donde va esto; pero se equivocan, no va por ahí. Seguro más de un lector me va a tachar de curuchupa, pero os lo juro amados lectores que no va por ahí. La verdad en estos tiempos donde todos tienen derecho a tener la razón, la razón por su esencia no lo permite. El papel, aguanta todo, pero eso es el papel nomas. Festejo los breves y seguros triunfos de la sociedad reconociendo derechos; y les digo que no voy a ser la persona que se oponga o les agüe la fiesta. Pero como a un niño, no se le puede decir sí a todo, a la sociedad tampoco. Estoy en contra fervientemente de algunas cosas que ahora son positivas, cheveres y aceptables; pero no les voy a dar el gusto de decirles cuáles. Lo que más estoy en contra es darle la razón a todos por no ofender a nadie.

Pero bueno hay cosas que son puertas afuera y otras, como la forma en la que voy a educar a mis hijos, que son puertas adentro. Con lo rotos que venimos todos a este mundo, lo mejor que podemos hacer es reconocernos imperfectos, amarnos los unos a los otros y anhelar con todas nuestras fuerzas que al momento en que partimos haya un ser superior que esté dispuesto a aceptarnos con nuestras múltiples imperfecciones. Que la sociedad se goce dándole la razón a todos, que los verdes celebren sus triunfos felices; y los azules esperen 5 minutos que ya les van a dar la razón también, seguro, y si mañana se siente intolerado me llama, ya que por tener una postura que a la sociedad le hiere, a mi también me han intolerado. 

Y les compruebo que no se puede dar la razón a todos ya que estoy seguro que no me la van a dar a mi. No me odien, ámenme, es más fuerte y duele menos.


6 mar 2019

Zona de Confort Zero


Cansado del vaivén de hordas de gente colmando bares y discotecas se retiró meditabundo a celebrar introvertido el fin de año en el campo. Con más de una cuestión que quería despejar de su mente se decidió por un pequeño pueblo montañés. El menos acontecido de mis amigos -pensaba yo- hasta que un día a mediados de enero me llamó a contar avergonzado esta anécdota. Mientras me la contaba iba subiendo en el escalafón de historias que alguna vez fueron inmortalizadas en este blog. Esta anécdota superaba sin ningún esfuerzo la vez que fui rescatado en ambulancia de nieve en las Montañas Rocosas, aplastaba como a una hormiga cuando hice vomitar a una pequeña niña con el putrefacto aire que emanaron mis entrañas; y, a mi criterio empataba con la vez que etílico el taxista entregaba rendido las llaves para que conduzca alguien más en media Vía Interoceánica. Mientras leen, no traten de ponerle cara al personaje, disfruten de esta gran aventura.

Habiendo leído los mejores reviews de hostals chik nuestro héroe al más puro estilo de Alexander Von Humbolt preparó su zamarro de mochilero, sus zapatos de treking, su repelente porque no somos ningunos desadaptados, su bloqueador FPS50 porque hay que tomar color y se embarcó con destino incierto; pero con la certidumbre que algo tendría para contar de su retiro reflexivo. Atravesando las montañas con los audífonos tocando algún tema sabinezco iba viendo por la ventana y deshuesando algún libro de los que habitúa tener en el velador.

Cuando llegó al Hostal Chik se amigó con el dependiente para que este le sugiriera rutas y senderos adecuados. Se ambientó con la fogata, la chimenea y alguno que otro compañero eco-turista y sin más que una cerveza se retiro a su alcoba compartida para descansar. El 31 temprano se levantó para ganarle al día. Con las instrucciones recibidas del día anterior puso un pie delante del otro y empezó a caminar, a ascender, a transitar las sinuosas rutas. Sinuosas no tanto, es más un poco “fáciles” para un ecuatoriano experimentado -Un reto necesito- pensaba mientras rebasaba por la ruta de estaquitas moradas a sus colegas. Al coronar, con sed de reto, con sed de gloria, con sed de agua también; en busca de saciar su sed una vez más lubricó sus talentos sociales y se amigó con colegas aventureros quienes le sugirieron una nueva ruta. Una forma de volver para no volver por donde vinimos (como se diría), y sin más que su soledad y su celular con la pila bien cargada arremetió a lo desconocido y empezó a descender por un sendero distinto del que habría usado para ascender.

Logrando su objetivo andaba hinchando sus pulmones con aire que refrescaba más que sus pulmones. Bajaba por grandes piedras. Resbalaba partes de esta nueva ruta y se levantaba con vistas que no habría visualizado anteriormente. Pasaban las horas y seguía bajando, reflexionando y bajando, saltando rocas y bajando. Rocas que iban creciendo en tamaño resultaban en saltos cada vez más grandes, más peligrosos. Pasaban las horas, pasaban y por mas saltos que daba, caídas que soportaba su destino no visualizaba. Pasaban las horas, si señor y con el tiempo cabritas carnívoras lo acompañaban. Poco a poco fue germinando una leve sospecha de estar irrevocablemente perdido; irrevocable porque gracias al tamaño de las gigantes piedras que habría saltado, era imposible volver a algún punto de referencia, y no bastó mas de un minuto para que su intuición afirmara que no solo estaba perdido, sino que también estaba acorralado y sin más opciones que aceptar la derrota tomó su celular para llamar al amable dependiente del Hostal Chik para que con su hospitalidad lo rescatara.

-Por la ostia, no solo estas extraviado, es imposible que cruces hasta acá sin una brigada de auxilio- Dijo el dependiente al recibir mediante whatsapp la ubicación de nuestro intrépido Bartolomé Días. El dependiente amablemente entregó la información de contacto a los Bomberos para que procedan debidamente autorizados por nuestro aventurero a realizar las labores de rescate.

A los pocos minutos sonó el teléfono de nuestro  intrépido amigo quien, lleno de esperanza contestó -Va en camino una brigada de rescate- (pasa el tiempo) vuelve a sonar el teléfono -No va en camino una brigada, estamos enviado al Alcón-

Al Alcón… carajo.

Al poco tiempo el inconfundible sonido de cualquier película de Holywood retumba en los agobiados oídos de nuestro temerario Thornberry, TACA TACA TACA TACA TACA acompañado de un ventarrón que desconfiguró el rostro de quien que con los ojos entrecerrados visualizaba un helicóptero de rescate postrándose sobre él.

Acrobáticos bomberos descendían en rapel por los lados del helicóptero, todo muy rápido, todo muy confuso para él. Lo subieron en el helicóptero y sin empezar a levantar vuelo empezaron a aterrizar.

Si señor, un rescate en helicóptero, más bien el más rápido hasta ahora. Mi Don habría estado perdido tan cerca que ni le abrocharon el cinturón de seguridad. Imaginen que van a la panadería más cercana a comprar pan y vuelven, el rescate duro menos que eso. A ver… aguanten su respiración… el rescate duró menos que el tiempo que pueden aguantar. Pero esperen porque nuestro David Livingstone al volver al Hostal Chik fue interceptado por el dependiente quien con el asombro más grande le preguntó -¿Fuiste rescatado en el helicóptero?- a lo que sin mayor gesticulación nuestro Vasco de Gama respondió -Si- y con mayor asombro el dependiente le pregunto -¿CUÁNTO TE COSTÓ?- y con un poco de asombro nuestro Marco Polo dijo -nada ¿por?- a lo que recibió una particular respuesta que lo dejó aliviado hasta el final de sus días que no le hayan querido cobrar los caritativos rescatistas bomberos.

Resulta que un rescate normal se tarifa a partir de los 12mangos, lo cual nos hace concluir que fue tan absurdo el rescate que probablemente fue anotado en la bitácora como Entrenamiento de Rutina, peor aún se atrevieron a pasar la factura por reposición de gastos por la gasolina.

Si si si… tal vez hay un poco de detalles que, éste su más inspirado autor ha agregado para crear el misticismo que se merece esta anécdota, pero sin duda fue ese el año nuevo que disfrutó uno de los más admirados personajes que transitan habitualmente por mi vida y sin afán de burla les comparto para su entretenimiento y sin duda para el mío.

21 ene 2019

Primera Cita

Por mucho que haya querido jugarla con calma; parar el balón, detenerme, alzar a ver y habilitar para gol. Mi inconsciente no me deja contenerme, no deja que mi cerebro gane esta batalla. Con ese flow, ese supercoolismo que me caracteriza, estaba yo jugándome todo. Tenia la primera cita de cajón, cine con canguil; infalible. Se habla lo justo, se hacen comentarios de la película y se deja en la casa a horas de gente.

Comenzó la función. Todo iba bien. 

Error fue escoger la película del momento que conmovía a quién la veía.

Y no les voy a mentir, se me aguan los ojos en esas películas. Era uno de los puntos que había detonado varios mensajes de WhatsApp. Pero no contaba con que mi cerebro pierda con tal goleada la compostura. 

Y no.. no es que me descompuse en lágrimas, no no va por ahí la cosa. Ella también estaba esperando desahogar un poco las ganas de llorar, disfrutar de la película con los cinco sentidos y dejarse llevar, a la final es parte de la experiencia del cine echarse un llanto de vez en cuando.

En el climax, en la parte más triste y conmovedora de la película estábamos con la lagrima en el ojo. El cine en silencio, se me empezaba a hacer el nudo en la garganta, ese que es justo antes que caiga la lágrima, ese que duele aguantarse... Mi cerebro con todo bajo control, o eso pensaba... En ese punto donde ya estas para que todo se vaya al caño y te largues a llorar, mi inconsciente se lanza al ataque y de una manera inexplicable ¡Mi mano se abalanza  sobre la de ella (que también estaba a punto de llorar) y la toma por primera vez en un acto desesperado y apretando cómo cuando te van a poner una inyección! 

No podía regresar a verla, sabía que le había cortado todo, que había arruinado la experiencia de la película. Pero si bien no lloramos nos largamos a reír. Yo solté su mano enseguida, como adolescente que se pone nervioso. No sabía cómo retomar el terreno que había ganado, ni tampoco sabía si debía tratar de retomarlo. No sabía si debía tomar su mano de nuevo o si pensaría que voy muy rápido. Si, si señor, a mis 29 años me preocupaba si podía tomar su mano o si debía ir más lento. Atolondrado y papelonezcamente salí de la sala del cine cuando se terminó la película y fui directo al baño a mojarme la cara.

Mi cerebro totalmente vencido, no volvió a tomar la punta, pero supe después que el de ella tampoco. Nos dejamos llevar por todo menos la razón, volvimos a salir y de ese día a ahora ha pasado un año, un año de dejar al cerebro a un lado.

Primeras citas son complicadas, pero primeras citas con papelones son historias, y primeras citas con papelones con segundas citas; esas son relaciones.

40 Primaveras Reveladoras

Al acercarse el onomástico de mi querido Rafael —quien dice que soy tan tejano que ahora festejo Janucá— se me ha dado por rascarme la lengu...