2 sept 2020

Inconcebible

Hace algún tiempo que se viene barajando tanta legislación pro-algo que me pregunto si realmente es inconcebible imaginar que alguien tal vez NO quiera gozar de tanto derecho. Les pongo en contexto. Mañana se legaliza la marihuana en el Ecuador ¿Es inconcebible imaginar que habrá personas que NO la consuman? Del mismo modo -RESALTO, ACLARO, PUNTUALIZO, TILDO, ASENTÚO, yo no tengo útero y hablo sin justa causa- sería inimaginable, inconcebible considerar que una niña a la que se le hizo madre en contra de su voluntad ¿Decide pro-su bebe? O tal vez estamos tan acostumbrados a pensar que merecemos una u otra cosa y como infantes exigimos derechos, derecho a esto o a lo otro. Cuando creo que realmente deberíamos estar indignados y exigir obligaciones.

¿Obligaciones? Si, obligaciones.

¡Deberíamos estar indignados! No porque los Estados no nos reconocen más derechos; sino porque estos son realmente inservibles al momento de cumplir con su parte. Los gobernantes se han vuelto padres permisivos. Explico ¿Han visto esos padres que dicen a todo con tal de no confrontar a sus hijos? ¿Alguna vez han tratado con esos niños? ¿Han lidiado con niños que no conocen límites? Es un dolor de cabeza, es una verdadera pesadilla la cantidad de pataletas que hacen por poco menos que nada. Sus padres con tal de ahorrar ese escándalo -Si mijito, yo le compro…- y el silencio reina y la paz es pírrica; la malcriadez se alimenta y los niños se malacostumbran y esperan que su siguiente capricho sea cumplido para ayer. ¿Qué niño de padres permisivos han visto ustedes decir –¡Oye mierda! Donde están mis verduras; necesito verduras para alimentarme bien así no me gusten-?

Eso más o menos puedo ver en tanta legislación pro-tus derechos. ¿Dónde está la sociedad que, en lugar de exigir más derechos, sale y exige que se meta preso a tanto Político Ladrón? ¿Dónde se ha visto una sociedad que impávida mira cómo se da inmunidad a candidatos a la presidencia? Dónde están las sociedades que se respetan y tienen amor propio para decir a sus gobernantes -Además de estos derechos es imperativo que dejen de robarnos hasta el aire- Realmente quisiera decir -Dejen de vernos la cara de cojudos-

Vamos a exigir que además de darnos acceso a ser candidatos a la presidencia; a quienes crean que están a la altura de las circunstancias les busquen el rabo de paja y los incendien en caso de encontrar algo.  Vamos a exigir qué además de legalizar el aborto o despenalizarlo se cree un sistema de apoyo emocional, psicológico, espiritual y físico para que las víctimas de violaciones consideren que hay además del aborto otras opciones. Ya ven por dónde va la cosa… no solo a pedir permiso para hacer algo, sino también a crear el sistema que fiscalice, facilite, cristalice, ampare, escruten… o lo que mierdas haga falta para decir que si a un derecho no sea la solución de padre dejadito para silenciar un capricho social.

No se irán a ofender. Sí a los derechos, todos los que se les ocurra. Yo personalmente quisiera tener derecho a tomarme una cerveza en la vereda sin que se considere libar en la vía pública. Pero sobre todo quiero ver una sociedad que en lugar de exigir que el estado les reconozca más derechos, les salgamos a meter un ají en el lugar más oscuro y armemos el escándalo más berrinchozo y esacandalozo hasta que tanto mal padre que tenemos de gobernante nos haga comer las verduras y nos den educación de calidad, sistemas sociales que respondan para dar soporte integral a víctimas de violación. Sistemas donde todo nos sea permitido, pero entendamos socialmente que no todo nos conviene.

27 ago 2020

La Longomicina

Harán el favor de no ofenderse por el título, la longomicina es un remedio, una pócima mágica, un analgésico, es... bueno pues es como quien dice la vacuna de COVID criolla. 

(Paréntesis - ¿vieron cuando sacan del cajón un esfero viejo y cuando escriben deja espacios vacíos porque no corre bien la tinta? Algo así me siento desempolvando este espacio de esparcimiento literario. Si encuentran espacios en blanco es por el esfero viejo)

Volviendo al tema. 

¿Nunca les dijeron de chiquitos algo como -no te has de morir, es longomicina pura- haciendo referencia a que comieron algo en la calle o algo que se cayó al piso que tal vez les podría caer mal? Bueno les explico: la longomocina es el conjunto de defensas que el cuerpo humano genera por su sabia e infinita naturaleza. Solo las puede crear al exponerse -mesuradamente- a delicias de la calle, buses, un papihuevo, un agachadito, salir de la casa, ir al supermercado, tomar agua de la llave, en sí vivir. Pero sobre todísimo no desinfectarse hasta las malas intensiones después de tocar cualquier cosa sobre la faz de la tierra. O sea, digo: no se deje de cuidar del COVID, pero cuidado matan su longomicina de tanto purificarse y después se nos muere de gripe, por tomar agüita o se va en aguas por comer una de morocho en el estadio.

Yo creo qué hay peores cosas de que morirse que del COVID. Por ejemplo de indiferencia. Porque veo tanta indiferencia, tantas ilustres mentes aterradas del COVID abrazados a frascos de alcohol; y sin mover un dedo para arrastrar de los pulgares a tanto h...jo de p....ta que de tanto exponerse a robar no han desarrollado longomicina sino cara dura. Tanto m..l p......do (esté esfero se está secando) que la verdad es que, qué no se han robado, negociado, saqueado, comisionado, usufructuado, estado de excepcionado y todo debidamente justificado por el "Quédate en casa”. Quédate en casa así no hay quien nos joda el saqueo.

Ojo no se ofenda, si su papá, mamá, herman@, abuel@ falleció o padeció de COVID no digo que es poca cosa. Es terrible. Lo que es inaceptable es la manga de babosos amanecidos que gracias a que su familiar estuvo en el hospital convaleciente, aprovecharon para meterle la mano en el bolsillo y dicen que no hay plata para pagar a los médicos. Es un crimen de lesa humanidad. Además si usted, su tío, papá, herman@, mamá es médico o trabaja en el sistema de salud, me quito el sombrero ante la heróica actuación durante todos estos meses.

Inescrupulosos hijos de p...ta los candidatos a la presidencia del año que viene. Si creer que el COVID es malo... esperen, el COVID pasa, y no todos se mueren de COVID, lo que se viene es cancer... no, no es cancer, ya es metástasis, está en cada órgano del Estado, en cada calle, político, hijo de político (pobres) cada madre de político (disculparan las malas palabras). Despertemos del sueño impávido del COVID, un poco de desobediencia civil nunca mató a nadie... y vamos a incendiarles las casas a todos los que se postulen para presidente. Pongamos uno nosotros dejando a un lado al CNE, o mejor no pongamos a NADIE no vaya a ser que se nos vira después el cerdo como en la famosa rebelión de la granja.

Pero sobre todo ya déjense de hu....vds y expónganse una poco a vivir. Salga a la calle y cómase un pan con cola para empezar, vaya escalando y súbase aún taxi... así sea para dar la vuelta a la esquina, visite masea desde la calle a sus papis que le extrañan no sea ingrato. Arriésguese y hágale el gasto al vecino que vende chulpichocho, eso si... llegue a su casa y lávese las manos. Pero vayámonos alistando que nos va a necesitar en las calles el futuro. Y si no... es porque ya lo hemos perdido todo.

26 ago 2020

¿Dónde está María Emilia?

"Todas las noches mijito, mi papá nos reunía al rededor de la radio -claro en esa época no habrían televisores- y escuchábamos los nombres de los fallecidos en La Guerra. Mi papá no nos permitía perdernos ninguna transmisión, teníamos que escuchar si había fallecido algún primo o conocido". Nos contaba en una sobremesa la Nonna. Las sobremesas podían ser alegres y ocasionar indigestión de la risa; del mismo modo podían ser tenues, oscuras. Es que con tantos años y con tanta vida no todo podía ser alegría. Imaginen una pequeña niña italiana -risueña, rubia con ojos azules- sentada al pié de una radio oyendo atenta los nombres de una lista -me imagino interminable- de personas que habrían perdido su vida en una guerra. Al minuto siguiente, risueña nos decía con picardía -Mi tía Amalia...(risa) A mi, mi tía Amalia me enseñó a decir mi nombre María Emilia Bigalli Pippa Corbani Vincenzini Caparinni Cappeta- y claro, esto nos contaba moviendo la cadera en la silla y meneando las manos rítmicamente mientras recitaba su nombre. A partir de eso es fácil imaginarla de 5 años parada en una silla, recitando con esa voz infantil su nombre bailando y meneando su faldita.

Esa niña de una familia tradicional italiana de emigrantes, no importa el año, tiene todos los contrastes. Padres tradicionales y estrictos que formaban hijos italianos en medio de Guayaquil. Ella me contaba alguna vez que cuando hablaba italiano, se le burlaban o no la comprendían sus compañeras, y no era porque su italiano era malo; era porque era antiguo. Sus padres hablaban el dialecto antiguo italiano y eso aprendieron sus hijos en un país hispanohablante. Eso da la pauta de donde venia mi Nonna. Una pequeña Italia detenida en el tiempo en medio de Guayaquil. Habría de recibir becas para estudiar canto, habría de recibir invitaciones para nadar en competencias. Habría probablemente de recibir tantas cosas más y por la época, la mentalidad, el machismo, habría también de ser privada de todo aquello que le fue ofrecido. Pero no, no se imaginen que fue una mujer amargada, triste o rencorosa, al contrario, ella con el tiempo y la sabiduría que lo acompaña supo no solo mandar a la (...) a quienes le decían que no podría hacer una u otra cosa, sino que también las hizo. 

En sus últimos días me contaron de la visita de una amiga de mi Nonna a su lecho de muerte. Subió las escaleras con la dificultad que acarrean los años y se presentó ante su amada amiga -yo no estuve allí pero me imagino como fue- con el respeto y la admiración que sólo se tienen las personas más excepcionales; le hizo acuerdo de tantas cosas que habían hecho juntas. Dispensarios médicos, becas para estudios, criado hijos por cuadrillas,  viajes dejando atrás a sus esposos que no las querían acompañar... me imagino con el dolor con el que se presentó; y sin aires de lamentaciones trágicas fue a celebrar con ella su vida.

Del mismo modo espero poder hacerlo, celebrar a esa tierna mujer que sin decir mucho hasta hizo que se robaran una avioneta para conquistarla. Una mujer a quien ningún amanecido le iba a decir cómo o con quién podía o debía hacer algo. Una mujer que no se andaba con "pendejadas"; una mujer que hasta cuando vino la muerte a visitarla, la recibió con el único miedo de que la enterraran viva. La recibió con lucidez y humor.

Recuerdo cuando vinieron a llevarse los restos. Los cuatro hijos unidos y acompañando a su madre hasta el momento en que se iría de la casa. En el momento en que se cerraron las puertas despidiendo el cuerpo de mi abuela, se detuvo el tiempo. Los cuatro hijos se quebrantaron en el lugar donde estaban parados y lloraban inconsolables. Porque así deben llorar los niños que saben que su madre no volverá a acariciarlos con esas manos de mujer trabajadora, así deben llorar los niños cuando saben que la voz de su madre no les volverá a arrullar en las noches cuando tienen miedo. Así deben llorar los niños cuando injustificadamente la muerte arremete contra su madre. Sentí un relámpago caer en medio del estacionamiento donde estaba yo con esos cuatro niños quebrantados e indefensos. 

Supe en ese momento que me volvería otro más de los miles que han perdido a sus abuelos, pero también me volví de los pocos que realmente disfrutaron de la mente lúcida de una mujer excepcional. Las manos talentosas y trabajadoras de María Emilia. Me convertí en el guardador de los recuerdos más atesorados en mi vida que son las historias de, y con mis abuelos. Me adueño de tantos mediodías que sin avisar fui para su casa a ver que podría almorzar y me iría cinco horas después habiendo pasado toda la tarde conversando con ella. Y me adueño, aunque mal y tarde de todo el amor, la ternura, la comida, el carácter y la vida que le adeudo a mi Nonna.

40 Primaveras Reveladoras

Al acercarse el onomástico de mi querido Rafael —quien dice que soy tan tejano que ahora festejo Janucá— se me ha dado por rascarme la lengu...