13 dic 2011

Hay toreros y hay rocanroleros, pero más importante, hay José Diegos


"LO OFRECIDO ES DEUDA

EN DICHAS IMÁGENES USTED PODRÁ APRECIAR TALVEZ NECESITANDO ZOOM O NO, A UN ESPÉCIMEN RARO:
UN CHUNCHI ZARUMEÑO ARABESCO CON PERFIL GRIEGO CON UN PAR DE SEMANITAS DE "WITH OUT SHAVE" MAS BIEN PARECE
UN  HOMBRE CON SUCIO,  UN MEXICANO O UN CUASI BOLIVIANO CANTINFLESCO. USTED ELIJA!!!

SALUDOS SIEMPRE MIO Y TUYO"

Es caprichoso el azar...

Un día viene éste personaje a quien no conocía a decirme -broder, yo te he visto en la universidad, y no tienes muchos amigos. Si quieres te presento los míos- y la verdad en ese preciso instante creí que hasta ahí llego esa amistad. Pero como dije antes, es caprichoso el azar y te cruza por la vida gentes de índoles inimaginables. Pero ninguna como este amigo torero que tengo yo.

Si, leyeron bien, torero.

Si alguna vez sientes caminando por la calle un aire muy rocanrolero, y sin previo aviso una música extraña sin procedencia lógica empieza a sonar, apartate de inmediato que viene caminando José Diego. Si tu celular suena a esas horas en que únicamente pueden hacerte una propuesta de lo más decente, contesta porque sin duda acabarás cantando un bolero a la vera de la ventana de alguna suertuda cortesana. Cuando te pidan que les "acolites" a viajar por Sudamérica en bus, no cometas el error garrafal que cometí yo, suelta el nudo de tu corbata, cambia los zapatos de cuero y la doctrina jurisprudencial, por tu filosofía barata y zapatos de goma, y vuelve una vez más a tener los años necesarios para salir de tu hogar, pero no suficientes para pensar dos veces. Anda, y por favor, no te equivoques como me equivoque yo.

Y más importante aún si después del viaje, vuelven a relatarte cada segundo, cada instante. No escribas sobre el viaje ni te arrepientas de no haber ido. Ven y sientate a leer este blog para que tengas una sana envidia del amigo que me he conseguido.

Un abrazo Pepito.

Saludos
Tata

8 dic 2011

Sobre la muerte...

"Quisiera preguntar y preguntarme si alguna vez nos dejarán morir cuando queramos.
Quisiera preguntar y preguntarme si alguna vez –alguna- a este país lejano llegarán los vientos del respeto a la vida respetando el derecho a la muerte.
Quisiera preguntar y preguntarme qué día, qué momento, podré ir a la botica de la esquina y pedir que me vendan la pócima exacta, la precisa, para curarme, en una sola toma, de la vida. Y si me dicen que enseñe la receta, podré mostrar al dependiente mi fatiga, firmada con el puño y letra de mi hastió.
Quisiera preguntar y preguntarme si alguna vez –alguna- alguien respetará mi voluntad y no me llevará a un sitio ignoto para que manos extrañas me administren los sueros del mañana que no quiero, en anónimos y asépticos espacios. Allá donde intentarán insuflarme ilusión por medio de unos tubos que hincharán mis pulmones con un aire sin aromas, sin dulzores, sin veranos.
Quisiera preguntar y preguntarme si alguna vez –alguna- estaré en el derecho de convocar a los que quiero para celebrar, con una sonrisa que viene de la infancia, con un abrazo fresco como recién salido del cariño, mi despedida. Ofrezco que habrá música. Y ofrezco –sobre todo ofrezco- que habrá sombra: la del árbol añoso bajo el cual mis cenizas yacerán y que, en cada floración, les recordará a los míos mi presencia ausente, hasta que venga el estío del olvido, la sequedad, la nada. Hasta que la desmemoria de los vivos me sepulte.
Quisiera preguntar y preguntarme si alguna vez –alguna- podré vivir mi muerte dignamente, sin tener que pasar por las infamantes aduanas de la moralidad, los hospitales, las buenas costumbres y las leyes. Si alguna vez –alguna- dejará de atormentarme la sensación de que la muerte buscada es un acto de traición, cuando no es sino una muerte más entre las muchas muertes. Una muerte más entre las muchas vidas.
Quisiera preguntar y preguntarme por qué otros, que ya nos han atormentado tanto con sus normas, no hacen una que exprese que cada quien es dueño de su muerte; por qué hasta de ese derecho nos despojan; por qué hasta ese extremo nos invaden.
Pocos son los que viven hasta cuando quieren vivir. A los más los mata la vida, sin que quieran. Por eso deseo preguntar y preguntarme ¿hasta cuándo los que quieren morir tienen que ir a la muerte en puntillas, a escondidas, como si cometieran algo obsceno, vergonzante? ¿Acaso la muerte no puede convertirse en una manera juguetona, alegre, refrescante de ganarle a la vida? De situarse al frente, desafiarla y decirle que, por esta única vez, no es ella la que impone sus designios.
Quisiera preguntar y preguntarme hasta cuando quienes creemos que tenemos el derecho a vivir, no tenemos también estatuido el derecho de morir cuando queramos."

Soy el que Pude 
Francisco Febres-Cordero

La seguridad és más audaz que la ignorancia

Soy el nuevo del lugar de trabajo y provisionalmente me han asignado un escritorio que esta situado a la entrada de la oficina. La gente que entra, y sabe igual o menos que yo donde queda algún escritorio, recurre a mí para pedir direcciones.

-Buenas tardes Sr. (algunos me dicen Dr.) disculpe, donde queda la oficina de...-

A lo que muy amablemente respondo con la seguridad que me caracteriza -siga al fondo por el pasillo- (en verdad es el baño) 

Resulta que mi oficina es en forma de ovalo, oficinas a los lados, y en el centro una sala de reuniones Por lógica si le mando a la persona por el pasillo, eventualmente encuentra la oficina que busca, o regresa a mi escritorio para preguntar de nuevo, pero por lo general para ése entonces he desaparecido hasta saber si la persona llego a su destino, así no me pueden retar. 

7 dic 2011

Que Puntería

Tomando en cuenta que, está a punto de bajar el telón del año 2011 y Se Jodió el Paseo se aproxima a las 100 entradas en un año, les dejo con la 99 y piquito.

 

Acaban de pasar las fiestas de Quito y naturalmente las hemos festejado en grande, 3 días 3 de fiestas intercalados, es decir uno día si, un día no, desde el jueves hasta el martes que fue el día de descanso para los muchachos. Como era de esperarse, me aconteció una de aquellas anécdotas dignas de este blog.

 

Estábamos en una de las fiestas varias a las que asistimos, amigos, uno que otro traguito, el baile y demás. Pero sobre todo unas muchachas muy guapas, unas muchachas con las que se puede conversar además de bailar unicamente. Me encontraba conversando con una de las muchachas, (no diré nombres) un coqueteo inocente, un piropo, algún comentario para que ría desenfrenadamente y justo cuando las cosas se estaban poniendo interesantes, una amiga (no diré nombres) decide que es imperativo hacerme una pregunta.

 

Ella sin caer en cuenta el vaivén de coqueteos, el baile de palabras en el que me encontraba, me interrumpe situándose entre la chica y yo para preguntarme.

 

-Tata, ¿Por qué me odias?-

 

No supe que decirle, en primer lugar porque naturalmente no la odio, y en segundo lugar por que mientras pensaba que responderle, la chicha con la que conversaba se entretuvo conversando con algún otro buitre que por ahí andaba.

 

A la final no pasó gran cosa porque creo que quedó claro que no la odio, y pude sacar el número de la chica con la que coqueteaba. Pero, que puntería la tuya Babel. 


Un abrazo y bienvenida una vez más a ser protagonista las paginas virtuales de este blog. 

40 Primaveras Reveladoras

Al acercarse el onomástico de mi querido Rafael —quien dice que soy tan tejano que ahora festejo Janucá— se me ha dado por rascarme la lengu...