25 ene 2018

Mis Momentos Felices

-Mis, momentos felices Tata. No los tuyos-

Empezó de esta manera la historia que me contaba uno de los más ilustres personajes de las páginas de Se Jodió El Paseo.

En Capelo, una región del campestre Valle de los Chillos, existía una guardería “Mis Momentos Felices” a la que asistían los críos Del Hierro de varias sepas. Iban, como contaba uno de ellos, una mañana en el antiguo jeep del Kiko, y otra en el Suzuki Forza del Pablón. Eran cuatro los críos. En el viejo jeep, en el asiento de adelante conducía el Kiko y, en orden de estatura, no de edad, Anres, Rafa, ñaño Juan y nacho acompañaban; iban todos delante porque en la segunda fila viajaban cómodamente los tanques de la leche. Naturalmente en botas de caucho y cantando a viva voz -¡que pise el hueco, que pise el hueco!- ya que en los asientos desgastados del jeep cada bache ocasionaba que los niños salten hasta golpear el techo y evidentemente desencadene risas hasta que duela la panza.

En cambio en el más pequeño Susuki, por mucho que los críos coreaban su unísono, el viaje era recatado, cuidando los ejes y latas del fatigado coche. 

El viaje era nada más la cereza del pastel ya que lo verdaderamente gracioso fue la reunión de padres de familia a la que sus progenitores fueron convocados. 

En la reunión las maestras hablaban acerca de una conducta preocupante, escandalizante para un niño de 4 años. 

Rafita, contaba la maestra aterrada, se para en el zaguán de la pequeña casa de madera donde los otros niños juegan a la familia, y gritando a viva voz anuncia “¡PRIIIIIIIIIMOS, nos tomamos un traguito!” 

Ojo, esta conducta con los años no ha menguado, se ha fortalecido y es por historias tan gratas cómo está que pocas veces podemos negar acompañarlo.


12 ene 2018

Incongruencia

Estaba en Isabella en Galápagos. Eramos un grupo de unas 30 personas de unos 5 países. A media tarde, a la hora en que el hambre es veneno, decidimos ir en grupo al clásico local de comida costeña. El local era humilde, las mesas y sillas eran de caña, no había sino una sola mesa grande en forma de herradura, los que habíamos ido tomamos asiento y esperamos que llegue el mesero. 

Para que haga sentido lo que les voy a contar, tienen que saber que entre las personas que estábamos había una notoria socialista del XXI, de la Revolución Ciudadana. Se tomó el tiempo de hacernos saber y resaber a todos que ella era parte del ese movimiento, acentuando en cada conversación, gesto y expresión su socialismismo, su revolución ciudadantez ¿Si me explico?

Al llegar el mesero, con esa parsimonia que caracteriza a quienes nunca han tenido un apuro, una urgencia en la vida, nos supo explicar que a parte del menú que estábamos ojeando, podíamos pedir langosta. Una muy llamativa sugerencia del Chef. Nos miramos para ver con quien podíamos emparejarnos para compartir una langosta, hubo un poco de tensión porque no sabíamos qué tan costoso sería... alguien muy recatadamente le preguntó a nuestro compadre, cuanto cuesta el plato de langosta. 

-Bueno... usted sabe... se sirve con una orden de patacones, ensalada y arroz... la langosta con la salsa de mantequilla derretida... vale 4,50-
-¿DOLARES?-
-...ehh si...dólares-

(...) silencio comunal.

Quien realizó la consulta nos regresó a ver a todos y dijo -langosta alcen las manos- 

29 comensales alzamos las manos sin titubear.

¿29? pero Tata...¡Eran 30 personas!

Cuando habían anotado las 29 langostas, le preguntaron a nuestra amiga socialista que quería comer, a lo que muy confiada contestó golpeando la mesa con un puño de confianza...

"Yo voy a comer arroz con menestra, porque eso come mi pueblo"

Yo, que no soy muy bueno disimulando me tape los ojos con la mano en la pena y empece a retorcerme de la risa inclinándome hacia a tras en la silla, el resto de ecuatorianos, entre ellos marineros, armadores e invitados me vieron y siendo un poco mas discretos se levantaron y se fueron a reír en la parte de afuera de la covacha.

Los extranjeros no sabían qué hacer y no querían ser irrespetuosos por lo que se miraron entre ellos absolutamente consternados, no podían entender el razonamiento ni el motivo de expresar así sus deseos de no comer langosta. 

El mesero viro los ojos porque sabía exactamente quien era esta persona y la ridiculez que había tenido a bien expresar. 

Ojo, no es nada en contra de los socialistas, no es nada en contra del delicioso arroz con menestra, es la frase "porque eso come mi pueblo", yo pensaba... su pueblo -el mesero- debe estar harto de comer langosta, no porque no come nunca, sino porque debe ser su pan de cada día; y, si su pueblo podría comería langosta con arroz y menestra. Pensar que eso es ser socialista, una desinformación por no decir ignorancia que hace unos días recordé y me he demorado en escribir, pero con esto les dejo.

5 ene 2018

Alguna vez... alguna

Alguna vez, alguna. Se despertaron con insomnio y lo único que querían era alguien con quien hablar, desahogarse. A quien contarle, sin que te diga que hacer; tus angustias. Alguien que no de consejos, alguien que escuche y no juzgue. Alguien que los acepte y los aprecie.

Los ame y los reciba. 

Alguien que sea su pañuelo sin secarles las despedida. 

Su oido, su refugio su escapada.

Le debo diez mil entradas en este blog a este sujeto que tantas carcajadas me ha pintado. Un infallable, un intachable un... ¡que carajos! Un hermano.

Alguma vez, alguna... se preguntaron qué significa la amistad... pues sea los digo: es injuzgable, le fallas una vez, el te responde dos mil a uno.

El campo, las vacas, los caballos y las motos... los cuentos de hadas, y buscas pero no encuentras el significado de amistad, amigo.

Alguna vez, alguna, me pregunté... y la vida me respondió: Rafael

Felices 30, yo ya te cojo y el Egas ya mismo.



40 Primaveras Reveladoras

Al acercarse el onomástico de mi querido Rafael —quien dice que soy tan tejano que ahora festejo Janucá— se me ha dado por rascarme la lengu...