Al contrario de lo que dirían mis amigos, no voy a escribir sobre como bailando bajo la lluvia, su pelo mojado me amordazaba el cuello sin dejarlo virar para quitarle la mirada de encima, ni como mis pies, ya arrugados, deseaban que los de ella no estén con frio. Tampoco escribiré del breve roce de las miradas que empapaban más que la misma lluvia. ¡Peor aún! de cada gota que corría entre sus dedos y, cayendo al suelo ansiaban evaporarse para volver a caer; jugándose la lotería esperando volver a caer sobre ella y transar dos veces por la misma piel.
No, no voy a escribir sobre aquello. Tratar de describir su riza entrando por mis oídos, se me hace muy difícil, pero todavía lo puedo oír. Con mucha suerte su aroma, todavía cruza por delante mío, y yo, tratando de encarcelarlo.
Como van a creer que voy a contar todo lo demás, si ocurrió lo anterior.
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